Mañil Huenu

La página en blanco no resguarda ni expone tu perfil.

Sólo tu nombre parece reencontrarte,

parece emerger con aire de historieta

o de leyenda dos veces leyenda,

posterior a un primer olvido.

Los que somos del sur

soñamos en sentido huinca y peñi,

con una cordillera que no separa,

sino recubre y oculta, o protege,

pero que también nos sueña

en un territorio más vasto

que nuestros propios sueños.

Allí se encuentran Martín y Mañil,

sin jamás conocerse entre ellos,

allí reniegan, abjuran y se absuelven,

allí se pierden,

hasta que estas esquivas palabras

sean capaces de unirlos y quererlos.

A Borges no le gustaba el sur,

pero quería morir en el sur,

tropezándose y clavándose un facón inesperado.

Sábato hace huir hacia el sur a su Martín,

a encontrarse con el otro,

más metálico y al mismo tiempo más débil,

más ficticio e irreal que las palabras.

Nunca estuve cautivo en alguna de tus tiendas,

sólo me refugié alguna vez en lecturas obtusas

y blancas, en praderas fantasmas,

entre bisontes mecánicos de peluche,

quizás esto porque te compararon

con el apache Gerónimo.

Olí al puma, así como el me reconocía

con su nariz aguda como una garra,

y nos abrazábamos heridos apenas

por el susurro mentiroso de la lengua

y de la holganza.

¿Cómo cruzo la barrera

de mi falta de experiencia

o de mis prejuicios ignotos,

ante todo hoy de mi falta de esperanza?

¿No te pongo acaso como objeto,

porque sé que jamás podré alcanzarte,

y recuperar tu piel en mi piel

como la lagartija regenera su cola tronchada?

¿Qué río separa nuestros cauces,

qué palabra de peñi o de winka,

nos obliga a buscarnos todavía

con estas mismas ilusas palabras?

Walter Hoefler (La Serena, Chile)

Habilidades

Publicado el

3 noviembre, 2015

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