Río

En una de nuestras tardes, de esas en la cual no se siente frío, perdimos la ropa, cerramos los ojos, solo debíamos escuchar.

El grito de los niños en el parque, los pasos de los inquilinos, la bocina de la moto, el canto de los pájaros, la gota de agua que cae del fregadero de la cocina, los latidos como tambores, el pestañeo, las tuberías viejas, el televisor de la vecina, el beso de los enamorados, nosotros.

Abrí los ojos, acaricie su espalda, me quede viéndola como si fuera una obra de arte, no será mía, pero tengo la suerte de contemplarla hoy. Me encerré en mis pensamientos y volví a cerrar los ojos, para soñar de manera forzada y mientras mi cabeza trataba de lograrlo, sentí algo frío recorriendo mi pecho hasta el ombligo.

Ahí estaba él, pintando su mundo con un lápiz de labios, creando un río a través de mi cuerpo, recordándome que soy vida, recordándome que somos distintos.

Que el río se mueva siempre, la quietud es nuestro enemigo, tú eres la fuerza yo soy el cauce, pintas mis mundos sin percatarte que eres parte de un cuento, que te has vuelto un niño, te bautizo cada vez que tus ojos son amarillos, yo soy la fuerza tú eres el cauce, pensé mil veces que este momento es memorable, le puse de nombre río, mañana probarás mi sangre, no temas, recuerda que el rojo es parte de ti.

Daniela D’Addieco Ponce (Arequipa, Perú)

Habilidades

Publicado el

13 noviembre, 2015

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